RADIO TERRÍCOLA‎ > ‎

QUÉ ARTE, JULIO PRÍNCIPE NOS HA CAUTIVADO!

publicado a la‎(s)‎ 12 abr. 2017 10:38 por Radio Terrícola Envera   [ actualizado el 17 abr. 2017 1:45 ]
Con nuestro invitado de hoy nos surge una duda transcendental: cómo es posible que un holandés, a principios de los años 60, venga a aquella España, oscura y hostil, a la aventura y tenga tan claro que lo suyo es la danza, el baile flamenco, sin saber una palabra de español, ni de flamenco, y se venga con lo puesto?. 

Julio Príncipe es toda una leyenda viva de la danza en este país, ha trabajado con muchísimas grandes figuras del flamenco como Antonio Gades, la inigualable Manuela Vargas o la propia Pilar López, pero también con bailarinas internacionales y únicas como Maya Plisetskaya. Han sido innumerables artistas del mundo entero las que han sido  compañeras de viaje y con las que ha compartido su arte y su gracia única desde hace 59 años que llegó a España con lo puesto. Ha sido maestro y profesor de baile de profesionales y aficionados, y ahora es un personaje, que a sus 81 años, posee una energía que contagia y desborda, como nos ha demostrado hoy dejándonos sin pestañear durante más de una hora que ha durado el programa. 

              

La sabiduría, vena artística y enorme simpatía de Julio nos daba para muchos programas más, muchos más, pero hoy ha compartido con nosotros algo grande e íntimo: su esencia vital. Nos ha regalado tal cantidad de emociones intensas, pensamientos, anécdotas y  ocurrencias, que muchos de nosotros hemos quedado tocados por su descomunal mundo interior, su franqueza y espontaneidad.

Julio Príncipe es su nombre artístico, claro está, y viene de un nombre impronunciable holandés. Fue pintor, aprendiz a actor y aficionado al baile hasta que un buen día presenció en Amsterdam la actuación de una de aquellas inmensas artistas españolas de la época: Pilar López, hermana de la no menos célebre Argentinita. Dice que le impresionó tanto aquella mujer que tuvo que salir, sin remedio, detrás de aquella bata de cola hasta donde le llevase, y no fue otro lugar que nuestro país. 
No le importó su tardía iniciación a este noble arte de la danza o la descomunal dificultad por hacerse un hueco en un mundo tan complicado y hermético como el flamenco. No lo había mamado pero por sus venas corría sangre gitana sin siquiera saberlo.

              

Así es nuestro hombre, un puro aventurero sin miedos y dispuesto a todo por un sueño. Sufrió penurias de todo tipo, realizó esfuerzos hercúleos por aprender un idioma del que no conocía una sola palabra, tenía que dominar un arte que, además de llevarse muy dentro, exigía una dedicación extrema y total. 
Julio nos habla de aquellos primeros años cuando se metía en el cine y veía 4 ó 5 veces la misma película para familiarizarse con el español, nos relata sus peripecias en las pensiones de a duro, donde la angustiosa soledad le esperaba cada día sin ese trabajo que no llegaba y sólo, muchas veces frente a su maleta ya hecha para regresar a su país, se decía que era mejor morir que abandonar. Nos describe, emocionado, que aún así se ponía a bailar y se le olvidaban todas las penas. Después vinieron otros tiempos en los que llegó a trabajar 16 horas diarias bailando, las giras mundiales, las grandes figuras, el reconocimiento de su arte y el amor, siempre el amor en su vida. Ha seguido siempre a su corazón, sin preocuparle nada más.

Nuestros chicos han intervenido con sus preguntas inesperadas y sorprendentes, pero también con demostraciones espectaculares de baile y declamación, como la de Martita, gran actriz, bailarina y experta en asuntos relativos a Atlético de Madrid. Enrique y su arte con el cajón flamenco, Paquito y sus chistes interminables o las reveladoras artes interpretativas de Vanesa, todos magníficos e inigualables. Carolina, Andrés y Manuel han sido los encargados de conducir el programa de forma magistral.

               

Hay tantas frases geniales que Julio ha ido espolvoreando por toda nuestra nave terrícola que es difícil decidirse a terminar esta breve crónica con una de ellas, pero sí que vamos a dejar alguna pincelada: "En momentos difíciles hubiera preferido morir a dejar de bailar, aunque el baile duele, y duele mucho, pero te lleva a un mundo mejor. Ojalá todo el mundo bailase, seríamos mejores personas. Siempre he buscado el contacto con la gente y siempre el lado soleado de la vida".

Se puede ser más grande?. 
Gracias Julio!!! 

Comments